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Meditación

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El tiempo en que transcurre la meditación es el presente y es muy importante para la realización de la práctica permanecer en él. La dificultad aparece cuando el pensamiento introduce atemporalidad durante el ejercicio meditativo. La mente enturbia con pensamientos de futuro o de pasado la práctica meditativa. El presente es lo que ocurre en estos momentos y el pensamiento suele ser un añadido que decora con pinceladas a su gusto y sin control. Si el pensamiento piensa que es presente este deja de serlo. Los eventos no son solo lo que el pensamiento extrae de ellos, los eventos están llenos de infinitas particularidades muchas de ellas no apreciables y menos por la percepción mental. La mente compara con el pasado para poder así descifrar qué sucede, y este método de interpretación es pobre para vivir una vida plena.

No quiere decir que no sea valido, sino que, sí queremos llegar a procesar y manejar un alto grado de comprensión en nuestras vidas este método de interpretación está reducido. La meditación ayuda a vaciar nuestra mente de pensamientos y a que todos los momentos presente sean únicos y sorprendentes. De otra forma el pensamiento tiende al engaño, a forjar metas la mayoría de ellas ilusorias y difíciles de sostener. Este es el gran problema al que se enfrenta la meditación: controlar el aparato cognitivo de la mente sin controlarlo, una verdadera paradoja. Lo cual produce en algunas personas años de práctica para resolverlo y otras desisten sin poder acallar su mente.

No solamente estamos hablando del pensamiento, es más complicado de lo que parece. También lidiamos con otros hábitos: impulsos, emociones, necesidades (las resueltas y las no resueltas), el miedo y el no consciente. Todo ello forma el yo que con el cuerpo es la herramienta utilizada para enfrentarse a la vida. El problema se agrava cuando estos hábitos son desconocidos para la persona y funcionan disgregados. Es como si hubiera diferentes yoes en pugna por sobresalir uno de otro. Llamamos “Desarrollo Personal” a la necesidad de unificar y funcionar desde un solo yo. Persona viene del griego “prosopon” y significa máscara. Es evidente que esa herramienta que conforma la persona a la que llamamos yo es una capa exterior que se ha configurado desde la supervivencia y muchas veces es molesta, repetitiva y se presenta con vida propia. Se comporta como si de un director se tratara. El problema más común es confundir caballo con jinete, abocándonos a una falta de dirección en nuestras vidas. La pulsiones, pensamientos y demás hábitos deben de estar ligados con una única dirección, procurando unidad en el yo.

En la meditación, la continua apreciación del presente sin filtro mental o de pensamiento nos puede llevar a la percepción no-dual, pura o directa de la vida. El sistema perceptivo sirve para comprender la información de lo que está ocurriendo. En la dualidad se percibe el mundo diferenciado, mientras que con un sistema de percepción no-dual se percibe no-diferenciado. ¿Para qué sirve esto, además de ser el objetivo hacia el cual nos conduce la meditación? Con una percepción no-diferenciada podemos observar los eventos formando parte de ellos a la vez que surgen, e impregnarnos de la información que de ellos se desprende sin filtro alguno. Las cosas son lo que son, no lo que nos gustaría que fueran. Así se puede funcionar de forma integrada desde la unidad. Esa unidad que forma parte de la vida. Nuestro aprendizaje sería mucho más enriquecedor, las comprensiones acertadas y el contacto con otros seres más real. Cuando vivimos en un presente continuado se empiezan a abrir nuevas posibilidades de entendimiento y de comprensión. Es ahí cuando trascendemos los límites de la dualidad y podemos entender términos, que de otra forma no serían entendibles, como: el amor, la compasión, la unidad, el devenir del tiempo, la amistad, etc.