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Portada Revista Artículos Mi experiencia con la Bioenergética

Mi experiencia con la Bioenergética Destacado

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El siguiente relato es una aportación de J.J.L., una persona que ha asistido a nuestros talleres de Bioenergética durante 7 años. Desde la Asociación SOL le agradecemos su contribución y nos alegramos de que haberle podido facilitar en su desarrollo personal durante todos estos años. Damos fe de que este no ha sido un camino fácil para él; sin su entrega nuestro trabajo no hubiese servido para nada. Acompañarle y ofrecerle una guía con nuestras herramientas y ver como ha madurado es para nosotros motivo de satisfacción.

"Hace 8 años que conocí la Bioenergética. Recuerdo que por aquel entonces estaba bastante jodido, inmerso en una depresión y apunto de ir a que me recetasen algo para dejar de sufrir. La carga emocional que arrastraba era insoportable; a veces lloraba y otras pegaba al sofá, pero no entendía el porqué de mi situación. Lo cierto es que mi “modus vivendi” había tocado fondo, después de varios encontronazos con la realidad, caí en picado. Estaba muy cegado para ver alternativas. Cuando uno aprende a sobrevivir de una forma, y cree que esa forma es no solo la correcta, si no la única (por ideología y afinidad a sus próximos), como era mi caso, los recursos son escasos. Da igual que te animen o que te digan que es una cuestión de voluntad (que no lo es, puesto que perder la fe en uno mismo te abate aunque la mente quiera comerse el mundo).

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La Bioenergética supuso el principio de adentrarme en un desarrollo personal consciente. Yo estaba ya asistiendo a una psicoterapia “clásica”, pero se me hacía lenta y tediosa. Necesitaba algo más “contundente”. Por suerte, un par de amigos que formaban parte de un taller de bioenergética en grupo que se realizaba semanalmente me animaron a probar. Yo era muy receloso de cualquier terapia, pero mi desesperación y la confianza en esos amigos me empujaron a ir. Fue sorprendente ver como en la 1era sesión movilicé la energía reprimida, como a través de la expresión catártica, tras una serie de ejercicios y golpeando con una raqueta sobre un cojín, pude atar cabos y entender como estaba repitiendo patrones con la que por entonces era mi pareja y mi propio padre (de echo, imágenes de la infancia me venían conectándolo todo). Pero eso no fue lo más sorprendente: ¡La depresión se había ido! Me sentía vivo y con ganas de retomar mi vida anterior. En unas semanas llevé a cabo decisiones que no me atrevía a llevar a cabo por miedo a perder. Continué con las sesiones grupales hasta que llegaron el verano y las vacaciones. 

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Durante los primeros meses fueron sucediéndose los cambios a través de las comprensiones que iba tomando en terapia. El engancharme a los viejos hábitos, algo normal cuando se sale de una depresión, me fue revelando donde metía la pata. La mayoría de las situaciones cotidianas me hacían retrotraerme a distintas épocas de la infancia, sobre todo en la relación con mis padres. Lo curioso, tras toda una vida echándole la culpa al sistema o a mis padres de mis problemas es que me daba cuenta de cómo yo “echaba leña al fuego” para que las situaciones se volviesen en mi contra. El “darse cuenta” también tuvo otro efecto, y es que poco a poco mi verdadera identidad iba emergiendo y entraba en pugna con la máscara que había construido inconscientemente para adaptarme y sobrevivir. Eso supuso volver a deprimirme, a esconderme, un proceso de re-adaptación en la que abandonar hábitos, amistades que no lo eran tanto etc.

Hoy aún sigo trabajándome, intento estar atento cada vez que mis músculos se tensan o si mi respiración se entrecorta en alguna situación en la que me bloqueo etc. Un desarrollo personal no es un camino de rosas, tienes que enfrentar a tus miedos, a tus demonios. Es dar un golpe sobre la mesa, aunque te vaya a doler, porque luego va a ir mejor, dejas de engancharte al sufrimiento. Es duro mirar hacia adentro y darse cuenta que uno no es quien cree ser o quien le gustaría ser, ni tampoco lo que los demás creen que eres. Uno simplemente es, y en el aceptarse puede llegar a dar lo mejor de si mismo y disfrutar de la vida. Y cuando toca llorar, llorar de verdad, sin lágrimas de cocodrilo."

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