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Satprem y la Agenda de Madre

la_mente_de_las_celulasHemos escogido un fragmento del libro de “La Mente de las Células”, en él cual podemos observar el objetivo de la meditación como si de un camino o de un mapa se tratase. “La Pecera”, así es como llama Madre a la inmersión mental donde nos hallamos: un pez aislado del mundo por una cristalera que nos contiene y nos separa de la libertad.

Satprem es el depositario del experimento de Madre: "La Agenda de Madre", 13 volúmenes, su cuaderno de laboratorio; el descubrimiento de una "mente de las células" como eslabón evolutivo entre el hombre actual y una próxima especie sobre la Tierra. Más aún, Madre hará de Satprem el continuador de la obra de Sri Aurobindo: a partir de 1982, Satprem retoma el trabajo evolutivo de ambos allí donde ella lo había dejado: la transformación del cuerpo. Tras encomendar la difusión de esta apasionante búsqueda al Instituto de Investigaciones Evolutivas con sede en diversos países, Satprem vive concentrado, junto con su compañera Suyata, como un sabio solitario, en el experimento que denomina Evolución 2: después del hombre ¿qué?, y sobre todo después del hombre ¿cómo?

He aquí un “mapa” que como bien dice Satprem puedes observar cuando llegas al “destino”. Una vez en él puedes componerlo, hablar de él, trasmitirlo, pero para quien quiera atravesar y romper la pecera el mapa es solo mera anécdota. Hay que vivir la experiencia para hablar de ella; mientras tanto que este pequeño apunte nos sirva de algo.

Las capas mentales

"Este descenso al cuerpo no se opera, pues, por medio de ninguna técnica yógica, sino que es lo más simple del mundo: se trata de ir a lo que ya está aquí. Y no nos vamos a hundir en ningún trenzado de venillas y dendritas», sino en otra cosa muy distinta, que forma también una extraña selva amazónica. Para llegar a percibir la célula o a experimentar la célula, hay que atravesar primero todo lo que la recubre: capas y capas opacas y zumbonas. La primera de todas las capas es nuestra capa intelectual -es en la que normalmente vivimos-. Es la parte alta de la pecera. Es evidente que todas las ideas, las filosofías, las religiones y todo lo demás, no tienen nada que ver con el cuerpo. Esa capa, aparentemente no es nada, es como el aire que respiramos, pero es un enorme barullo. Es necesario que todo eso se calle. Si queremos ver claro en un líquido, hay que decantarlo.brain-cell-image Primera operación: el silencio mental. Cuando esa capa esté ya un poco clarificada, veremos surgir una segunda capa que empieza a hacerse patente cuando no está ya embellecida por el alboroto superior de las ideas y de las noblezas filosóficas o humanitarias: es la capa de la mente emocional. Es algo ya más pegajoso. Pero esas emociones, por muy bellas que sean, tampoco tienen nada que ver con el cuerpo. Segunda operación: la pacificación de la mente emocional. Es ya una operación más complicada y que parece una guerrilla en el desierto. Cuando esa capa esté ya un poco clarificada y apaciguada, veremos surgir una tercera capa que hasta entonces estaba totalmente mezclada con las dos capas superiores: la mente sensorial, la que gobierna nuestras reacciones. Ahí, la cosa se convierte francamente en una selva virgen con toda clase de serpientes y de pantanos. Aún no estamos totalmente en el cuerpo, pero ya nos acercamos. Todas esas sensaciones de fatiga y de sueño, de atracción y de agresión, de contracción y de relajación, todo hormiguea. y nos damos cuenta de hasta qué punto todo eso está dictado por los hábitos, el medio, la educación, todo un barullo que no tiene nada que ver con el cuerpo y que está como adherido a él. Tercera operación: la transparencia de la mente sensorial o la neutralidad perfecta. Si uno se contrae o rechaza, es como si levantara un muro al instante. Es decir, que la travesía se para y uno queda bloqueado en medio de la selva amazónica. Hay que desprender del cuerpo toda esa trama activa y reactiva. Entonces, el cuerpo empieza a volverse un poco flotante, como si no sintiera ya muy bien sus amarras y su peso; de hecho, ha sido extrañamente aligerado, empieza ya a volverse un poco «el cuerpo». Y, por fin, llegamos a la barrera: la cuarta capa, la de la mente física.[1]

Individuo-estadoPero el que no sabe que esa es la barrera, no sabe en absoluto dónde está ni lo que está fabricando en esa especie de jungla; es después, tras haberla atravesado, cuando se da cuenta de que era la barrera y de lo que eso significa exactamente. Por el momento -y ese momento duró años para Madre-, es sólo un microscópico hormigueo pegajoso e interminable del que no se sabe muy bien si conduce al «otro lado» o a la desintegración del cuerpo, ni siquiera si existe un otro lado en ese microscópico infierno tan estrechamente pegado al cuerpo que parece que, de querer despegar esa capa, se despegaría todo el cuerpo por completo. Cuando Francisco de Orellana, recién llegado de los Andes, descendió por vez primera el curso del Amazonas, que no se llamaba todavía Amazonas sino «cualquier cosa» con caimanes y lianas, no sabía en absoluto si iba a desembocar en el Atlántico o en la muerte, ni qué era lo que estaba atravesando. Es muy fácil ser cartógrafo después.”



[1] N. del T.: Este "descenso al cuerpo" es descrito por Satprem con detalle en "Sri Aurobindo o La Aventura de la Consciencia", y su practica en "La Génesis del Superhombre ". Ambas obras, que pertenecen a esta, están publicadas en español por el Instituto de Investigaciones Evolutivas.

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