La práctica meditativa opera percibiendo con los eventos que sucedan en el presente. Esta conlleva el inconveniente de la mente que se interpone en el continuo del presente. Los pensamiento afloran constantemente y es mayor dificultad de la meditación. En los eventos se manejan multitud de posibilidades y la mente se agolpa para resolverlos creando un flujo de pensamiento constante que se convierte en un habito. Por ese motivo cuando solo queremos parar unos segundos se hace imposible y podíamos decir que la percepción está contaminada.
Una percepción limpia contemplaría los eventos sin ningún juicio y como si estos sucedieran por primera vez. El sentido del yo advierte, por su historia personal, comparando todo lo que sucede con su pasado. Cuando éramos niños la capacidad de sorpresa era mayor; el primer amor, los primeros juguetes, las vacaciones en el pueblo, etc. En la memoria se han acumulado vicisitudes fabricando prejuicios. Todas las experiencias dejan un poso que puede limitar la vida actual apropiándose con necesidades mucha veces innecesarias. Es esta situación a la que podríamos llamar sentido de apropiación la que nos hacer el mundo a través de un filtro mintiéndonos constantemente.
La meditación es una herramienta para sanar el filtro de la percepción. Con ella podemos poner en su sitio a la mente y fortalecer el sistema nervioso. Esto se consigue al estar en el presente de forma continuada lo cual provoca un estado de percepción al que en el sistema Vedanta se llama “no-dualidad”. Un sentido de la percepción para vivir en el presente de manera real y no-distorsionada.
Al vivir el presente de forma continuada provoca varias ventajas: ausencia de miedo e incertidumbre, sorpresa sobre los eventos viviendo estos como por primera vez, conocer el mundo a través de su realidad y no como creemos que las cosas son. Para ello es primordial desarrollar la atención sobre todo lo que sucede fuera y dentro de el aparato de cognición. Quiero decir cuando digo hacia fuera, como una entrega a los eventos que suceden y cuando digo hacia dentro, como un abandono a todo proceso mental en la practica de meditación interior.


